Proyecto Bajo Tierra

por Nokez Purgado

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La ciénaga de los sapos: un nuevo anonimato en la protesta

Los últimos años hemos visto como la ultraderecha ha tomado el poder en Latinoamérica, tenemos el caso más cercano en Argentina, y ahora es el turno de Chile. El mundo de los jóvenes se prepara para una nueva sacudida. Mientras ellos marchan sin miedo a la represión, sus padres intentan mantener el status quo, y votan a los mismos políticos que reprimen a sus hijos. Ciertamente, el mismo Pinochet dijo que aunque él ya no esté, el proceso dictatorial va a continuar... y esto será por medio de su constitución y el modelo económico neoliberal, que a su vez, son los tentáculos del imperio yankee sobre Latinoamérica. Chile está completamente trabado, entre gobiernos que administran el negocio de las empresas, y gobiernos que administran la pobreza, dado que no pueden ni quieren cambiar el sistema económico.

Frente a esto, la generación más joven, los secundarios y los universitarios, los jóvenes marxistas han movilizado la política chilena desde sus bases, en las calles. Un espacio que es territorio identitario, y que ha sido reapropiado como lugar de protesta, pero que se mantiene en la marginalidad. Es en este lugar donde vemos que el arte callejero, nuestra cuna contracultural, se ha materializado en murallas de concreto. En Chile, las paredes tienen su propia historia, y esta se cuenta junto a la historia de las clases populares y como se organizaron para participar colectivamente en la política. La tradición occidental enumera y clasifica las disciplinas consideradas artes, y la pintura es una de estas. Sin embargo, su conocimiento se ha limitado a los académicos y ha sido condenado a conservarse y ser expuesto en museos de arte. Es por este motivo, que el muralismo chileno es considerado, una de las artes bases dentro del movimiento artístico y callejero en Chile, porque llevó un arte burgués a la calle, le dio voz a los jóvenes, tenía mensaje e identidad. Durante la dictadura, este movimiento fue mermado, pero las calles siguieron hablando, ahora jugándose la vida. El colectivo orgulloso de su arte fue reemplazado por la acción individual y el rostro cubierto. Y la brocha de pintura fue reemplazada por una lata de spray. La acción legítima de arte y protesta fue llevada al mundo del crimen, y los colores se volvieron frases cortas pero directas en contra de la dictadura. La identidad debía ser censurada, y la forma simplificada al extremo, puesto que el contenido era lo importante: el mensaje.

Avancemos en el tiempo, sabemos que hoy en día el graffiti domina las calles, y la clase política ha puesto énfasis en nuestros artistas callejeros. Algunas municipalidades han tomado medidas y han comenzado a investigar y condenar grafiteros a lo largo del país. Algunos a la humillante acción de borrar sus propias obras y todo esto ocurre apoyado por la opinión pública. Digamos las cosas como son: la represión ha vuelto, la dictadura se ha consolidado democráticamente, ahora en la mente de las personas, vivimos en un Chile rodeado de sapos. Y hemos tenido que aprender a vivir con el enemigo adentro de la casa, pues muchas veces, los vigilantes son los mismos padres de nuestros jóvenes artistas. A veces son nuestros compañeros de clase, nuestros vecinos, nuestra propia familia. Hace poco en una conferencia de prensa, el ultraderechista presidente de Chile, al referirse en términos criminales a una manifestación estudiantil, hizo un llamado a requerir la ayuda de todos los chilenos para frenar este tipo de actividades, obteniendo un apoyo transversal de los distintos sectores políticos, incluyendo la oposición quienes también criminalizaron la protesta de los estudiantes. 

Esto no es nuevo, demos un repaso a estos dos fenómenos: el graffiti hiphopero actual es un arte que se desarrolla en la marginalidad, tiene identidad y marca territorio, convive con la protesta de las murallas que sabemos caracteriza las calles de Chile. Este tipo de arte tiene un lugar importante en la contracultura chilena actual. Por otro lado, las manifestaciones estudiantiles parecen ser los únicos espacios en donde se manifiesta el descontento sobre la problemática social. Ya sea en universidades o escuelas, el derecho a la protesta termina ejerciéndose en la calle, en el underground, a vista de todos los ciudadanos demócratas, que trabajan y votan cada 4 años, listos para fotografiar, e investigar a quien decida manifestarse, y desinformar a la población, contribuyendo gratuitamente a esta especie de servicio de inteligencia clandestino, conformado por civiles convencidos - a base de noticias falsas - de la idea de sapear. Un territorio hostil para la protesta, y sobre todo para el graffiti. La situación actual nos dice que debemos actuar con pies de plomo. y no solo desconfiar de las personas, si no también ser conscientes de como se maneja nuestra información en redes sociales. Prevenir las condenas a nuestros artistas es una forma de preservar y transformar el arte callejero. Los nombres escritos en las paredes se han transformado en el señuelo perfecto para atrapar a nuestros grafiteros, así como fotografías de rostro se han usado para detectar y criminalizar manifestaciones pacíficas. Un nuevo anonimato está surgiendo, en vista de la hipervigilancia de las redes, más la guerra interna contra toda la burocracia política y la opinión pública. ¿Qué nos deparará, como serán las nuevas protestas en un Chile que ha decidido criminalizar toda actividad contracultural? ¿Qué será de los y las estudiantes que deciden autoconvocarse a una marcha pacífica? ¿Volverá el rostro cubierto, o resistirá la protesta popular, con nuevos jóvenes indignados por nuevas injusticias?  ¿Qué dirán las letras de los grafitis, cuando las chapas ya no sean nombres secretos? ¿Seguirá siendo la identidad y el territorio del artista el eje de este arte, o nos moveremos al eje del mensaje? Talvez todo siga enredándose más en esta amalgama de muralismo, protesta, rayados y graffiti. Por mi parte, seguiré leyendo esos rayados hechos a la rápida en alguna calle del centro, antes de que los borren.

''KAST HIJO DE NAZI!''


3♡ Bitácora de una cabina telefónica

  3♡ Postgame

''25 de Marzo, 1997. 3:33 a.m なおこ

Estamos en el inicio del Otoño. En el corazón de una gran ciudad nacen contradicciones nuevas. La medianoche ha sido superada y cada minuto se aleja mientras pienso. La noche, con su cetro de luces de neón, insiste en seguir conversando con los jóvenes, de ellos es todo este zumbido. Risas de múltiples colores hacen que la sangre de este gran ser vivo siga latiendo al ritmo del hip-hop, y sus bajos exagerados saliendo de los bares llenan mi estómago.

Sigo pensando, el viento sopla. La verdad no he quedado con nadie, solo intento flanear en la ciudad nocturna. En ese momento nunca me había dedicado a escuchar rap, en fin, como sea. A raíz de esa experiencia pude recordar algo. Era esa melodía... un CD que solía escuchar. Ahora era un sample que no estaba nada mal.

De todas formas, seguí caminando. Observé el teléfono móvil, olvidé cargarlo. Caminé hasta alejarme del sonido estridente y encontré una cabina telefónica. Ahí me protegí del frío. Busqué una moneda, solo para aceptar la invitación a ese pequeño espacio. Era solo el gesto inútil que por inercia hice al entrar ahí. Ya no recuerdo el número de なおこ''





3♡ Video oficial
Música Nokez Purgado
Video    Kikiiyen

3♡ Carta de un adiós y recuerdos incompletos

 3♡

"12 de enero, 1997 なおこ

Naoko: he vuelto a escuchar ese CD, el Verano ya inició su descenso y pronto abandonaré la ciudad. La melodía ha vuelto a conmoverme, me hizo sonreir levemente :(

Escribo esto desde la ventana. Cuando la abrí el aire de mar me trajo un recuerdo, lo sentí en la piel. Lo sé, armar mi bolso conduce mi memoria a momentos que ya no importan realmente. Pero están ahí. Eventualmente los edificios y el grito de las gaviotas desaparecerán, o mejor dicho, yo lo haré.

La canción me hizo pensar en los días en los que no me importaban estas cosas ¿Cómo es que llegó a ocurrir todo esto?

Mis pertenencias, el paisaje, y el haber olvidado tantos rostros ¿Te acuerdas que bebíamos cerveza y jugabamos carioca, o algo parecido? Yo alargué mi mano para tomar una carta, era un 3♡. Tú me mirabas...

Lamento tener que irme y no alcanzar a recordar toda la historia. A veces olvidamos cosas que parecían importantes y sentimos nostalgia a través de recuerdos incompletos.
Adios"






Teaser 3♡
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Bajo Tierra. Capítulo 2. Foo Fighter

  

  Una vez escuché que, cuando sueñas que estás con una persona en un auto, es porque esa persona estuvo hablando mal de ti. Especialmente, si es un cacharro el vehículo en cuestión. En ese momento, la música me daba la perspectiva, la nostalgia de la noche. El individualismo y el silencio. La carretera y la música ochentera. La soledad y el compartir. Un hombre en su auto recoge a otro para hablar, escuchar música y fumar tabaco. Me recuerda a los perros que me seguían por la calle esas noches vacías. No siempre fue así. Los recuerdos vagos se hacen pasar por sueños en ocasiones. Lo que si recuerdo bien es que el vehículo estaba equipado con un moderno equipo de música y calefacción. Por eso creo que este relato es verídico. Descarto lo onírico.

    Recuerdo que fue algo así .
    - ¿Fumas? - El tipo me alcanza con su mano un cigarro. Acto seguido, presiona un botón de su radio. Comienza a sonar Come as you are. Sin que se lo pida, me da el encendedor. Enciendo el cigarro y el humo del tabaco comienza a llenar la cabina. El tipo no me habla. Cambia la música, y un poco de decepción y tristeza comienza a bajar por mis pulmones hasta mi estómago. Ahora suena: Cuando pase el temblor, y tengo ganas de llorar pero no puedo, hay una grieta en mi corazón. Exhalo humo. Abro un poco la ventanilla, e intento respirar aire fresco pero no puedo. La velocidad me ahoga y el viento reseca mis ojos. Cierro mis párpados y la ventanilla como si fueran la misma cosa. Bostezo, y una lagrima de sueño se me escapa, parece que quiere adornar mi pena.

    Entre la oscuridad de la carretera y Soda Stereo, el silencio de mi acompañante se vio interrumpido. Y yo justo que pensaba, en esos días en los que me rodeaba de gente. La calle no era un cetro de neblina que tomaba en la noche para desaparecer bajo el manto de una chaqueta. Era el punto de encuentro, donde el alcoholismo y la soledad se conocían. Los introvertidos conversaban de arte con otros adictos. La luna era testigo, y las lenguas se golpeaban unas contra otras, por un momento, dejaban de insultarse. La amistad y el amor, brotaban de los conchos del vino y las colillas, para morir con el sol en un par de horas, como la flor de cactus, breve. Nacía para lucirse y desaparecer. Como los músicos en los trenes. Así brotaba el amor en la ciudad desierto, ciudad cementerio.

    Así, alguna vez, yo anhelé esa escasez, quería hundirme sobre mi cuerpo, fundirme en un otro que no me importe. Con ganas de vomitar y alcohol en el cuerpo.
    - Parece que nos quiere adelantar - Entre el humo y mis pensamientos mi atención se había difuminado. Brigada de negro. Al final de la carretera solo había oscuridad. El tipo hace que me percate, un auto nos seguía.
    El resto fue confusión. El tipo no volvió a hablarme, solo miraba la carretera. La música continuaba en modo automático. Creo que en un momento se repitió la canción Cuando Vuelvas, de Upa. Pasó mucho rato y el auto no nos adelantaba. No me parecía extraño, hasta que la música se detuvo. Fueron la curiosidad y el silencio los que me animaron a voltear. No pude ver bien

    - ¿Es una moto? - pregunté sin obtener respuesta. No era un auto, nos seguía una sola luz, a la misma velocidad a la que nos movíamos por la cartera. La luz lastimaba mis ojos. Pero pude darme cuenta de algo. No emitía ningún tipo de sonido motorizado. Lo que nos seguía no era un vehículo. Era una luz que flotaba en la carretera. El tipo seguía sin decir nada. Sus ojos fijos y su cuerpo rígido parecían no estar manejando. Temí estrellarnos. Parecía como si la luz provocara un efecto sobre él. Sospecho de mi mismo. Si no me había percatado de esto, era porque estaba hipnotizado por la música y el humo. Nunca había visto algo así, la luz también me maravilló y tuve miedo. De todas formas no pude hacer nada. La luz se fue al cabo de un rato, escondiéndose tras un cerro, en un bosque, a lo lejos. Se movía a una velocidad mucho mayor a la que íbamos en auto. Podría hacer un movimiento con el dedo, señalando los lugares por los que pasó y aún así sería lento.

    La radio volvió a sonar. Como si no hubiese parado de sonar en ningún momento, se prendió a mitad de una canción que ni siquiera estábamos escuchando. No quiero soñar mil veces las mismas cosas. Cantaba Cerati. Como si el miedo se hubiera escondido en el horizonte. De alguna forma, la música fue un aviso de retorno.

    - ¿Otro puchito? - Me pregunta el tipo, sin hablar del tema. Parecía no estar asustado. Parecía un autómata. Y el viaje seguía como antes, pero para mi nada fue igual. Me bajé en el lugar en el que el tipo me indicó.

    - No me adentro más allá, hasta acá te dejo - y me bajé. ¿Qué fue esa luz? Un fenómeno sin explicación. Lo que si se, es que esa luz no regresó al cielo, donde pertenecen todas las luces. Se escondió en el bosque, dejándome entrever sus últimos destellos entre los árboles. A esa hora la negrura del cielo comenzaba a azular. Ningún auto, ninguna luz pasando. Solo seguí caminando por la carretera hasta que desaparecí entre líneas como una sombra. Sin saber hacía donde iba a llegar.

   ''Se han reportado incidentes con luces

 esféricas en distintos lugares del mundo. Sin

 embargo, rara vez su aparición ha sido

 registrada, y los relatos son escasos. Sin

 embargo, se han confirmado casos en los que

 se les ha visto flotando sobre cursos de

 agua, persiguiendo vehículos en zonas

 apartadas, e incluso siguiendo aviones

 durante la segunda guerra mundial''   


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Capítulo 2. Foo Fighter