Una vez escuché que, cuando sueñas que estás con una persona en un auto, es porque esa persona estuvo hablando mal de ti. Especialmente, si es un cacharro el vehículo en cuestión. En ese momento, la música me daba la perspectiva, la nostalgia de la noche. El individualismo y el silencio. La carretera y la música ochentera. La soledad y el compartir. Un hombre en su auto recoge a otro para hablar, escuchar música y fumar tabaco. Me recuerda a los perros que me seguían por la calle esas noches vacías. No siempre fue así. Los recuerdos vagos se hacen pasar por sueños en ocasiones. Lo que si recuerdo bien es que el vehículo estaba equipado con un moderno equipo de música y calefacción. Por eso creo que este relato es verídico. Descarto lo onírico.
Recuerdo que fue algo así .
- ¿Fumas? - El tipo me alcanza con su mano un cigarro. Acto seguido, presiona un botón de su radio. Comienza a sonar Come as you are. Sin que se lo pida, me da el encendedor. Enciendo el cigarro y el humo del tabaco comienza a llenar la cabina. El tipo no me habla. Cambia la música, y un poco de decepción y tristeza comienza a bajar por mis pulmones hasta mi estómago. Ahora suena: Cuando pase el temblor, y tengo ganas de llorar pero no puedo, hay una grieta en mi corazón. Exhalo humo. Abro un poco la ventanilla, e intento respirar aire fresco pero no puedo. La velocidad me ahoga y el viento reseca mis ojos. Cierro mis párpados y la ventanilla como si fueran la misma cosa. Bostezo, y una lagrima de sueño se me escapa, parece que quiere adornar mi pena.
Entre la oscuridad de la carretera y Soda Stereo, el silencio de mi acompañante se vio interrumpido. Y yo justo que pensaba, en esos días en los que me rodeaba de gente. La calle no era un cetro de neblina que tomaba en la noche para desaparecer bajo el manto de una chaqueta. Era el punto de encuentro, donde el alcoholismo y la soledad se conocían. Los introvertidos conversaban de arte con otros adictos. La luna era testigo, y las lenguas se golpeaban unas contra otras, por un momento, dejaban de insultarse. La amistad y el amor, brotaban de los conchos del vino y las colillas, para morir con el sol en un par de horas, como la flor de cactus, breve. Nacía para lucirse y desaparecer. Como los músicos en los trenes. Así brotaba el amor en la ciudad desierto, ciudad cementerio.
Así, alguna vez, yo anhelé esa escasez, quería hundirme sobre mi cuerpo, fundirme en un otro que no me importe. Con ganas de vomitar y alcohol en el cuerpo.
- Parece que nos quiere adelantar - Entre el humo y mis pensamientos mi atención se había difuminado. Brigada de negro. Al final de la carretera solo había oscuridad. El tipo hace que me percate, un auto nos seguía.
El resto fue confusión. El tipo no volvió a hablarme, solo miraba la carretera. La música continuaba en modo automático. Creo que en un momento se repitió la canción Cuando Vuelvas, de Upa. Pasó mucho rato y el auto no nos adelantaba. No me parecía extraño, hasta que la música se detuvo. Fueron la curiosidad y el silencio los que me animaron a voltear. No pude ver bien
- ¿Es una moto? - pregunté sin obtener respuesta. No era un auto, nos seguía una sola luz, a la misma velocidad a la que nos movíamos por la cartera. La luz lastimaba mis ojos. Pero pude darme cuenta de algo. No emitía ningún tipo de sonido motorizado. Lo que nos seguía no era un vehículo. Era una luz que flotaba en la carretera. El tipo seguía sin decir nada. Sus ojos fijos y su cuerpo rígido parecían no estar manejando. Temí estrellarnos. Parecía como si la luz provocara un efecto sobre él. Sospecho de mi mismo. Si no me había percatado de esto, era porque estaba hipnotizado por la música y el humo. Nunca había visto algo así, la luz también me maravilló y tuve miedo. De todas formas no pude hacer nada. La luz se fue al cabo de un rato, escondiéndose tras un cerro, en un bosque, a lo lejos. Se movía a una velocidad mucho mayor a la que íbamos en auto. Podría hacer un movimiento con el dedo, señalando los lugares por los que pasó y aún así sería lento.
La radio volvió a sonar. Como si no hubiese parado de sonar en ningún momento, se prendió a mitad de una canción que ni siquiera estábamos escuchando. No quiero soñar mil veces las mismas cosas. Cantaba Cerati. Como si el miedo se hubiera escondido en el horizonte. De alguna forma, la música fue un aviso de retorno.
- ¿Otro puchito? - Me pregunta el tipo, sin hablar del tema. Parecía no estar asustado. Parecía un autómata. Y el viaje seguía como antes, pero para mi nada fue igual. Me bajé en el lugar en el que el tipo me indicó.
- No me adentro más allá, hasta acá te dejo - y me bajé. ¿Qué fue esa luz? Un fenómeno sin explicación. Lo que si se, es que esa luz no regresó al cielo, donde pertenecen todas las luces. Se escondió en el bosque, dejándome entrever sus últimos destellos entre los árboles. A esa hora la negrura del cielo comenzaba a azular. Ningún auto, ninguna luz pasando. Solo seguí caminando por la carretera hasta que desaparecí entre líneas como una sombra. Sin saber hacía donde iba a llegar.
''Se han reportado incidentes con luces
esféricas en distintos lugares del mundo. Sin
embargo, rara vez su aparición ha sido
registrada, y los relatos son escasos. Sin
embargo, se han confirmado casos en los que
se les ha visto flotando sobre cursos de
agua, persiguiendo vehículos en zonas
apartadas, e incluso siguiendo aviones
durante la segunda guerra mundial''
Bajo Tierra.
Derechos reservados.
Nókez Purgado
Capítulo 2. Foo Fighter