De un comienzo y otras anécdotas
''Poseer música en un cassette no es comparable a portar un archivo. El cassette se puede tocar, tienes que reproducirlo en un equipo, es distinto. Ahora toda la música que hacemos la tenemos en archivos, ya no podemos tocar una canción con nuestras manos. Es el precio, quizás, que tuvimos que pagar para poder acceder al internet''
Meses atrás, haciendo uso de esa nostalgia por los viejos tiempos, volví a escuchar las canciones que había hecho desde el principio. Desafiando los deseos de ver y sentir que he avanzado, y sin convertirlo en la ilusión de todo pasado fue mejor, solo disfrutando del pretérito imperfecto ese.
Mi nombre es Nókez Purgado, aunque no nací con ese nombre, es un nombre que yo mismo me hice. Podría decir que yo mismo no supe como llamarme hasta que ya pude matar mi nombre antiguo, y créeme, yo se lo difícil que es desprenderse de un nombre. Y no fue sencillo, tampoco lo fue desprenderme del nombre de Poetas Muertos, así a secas. Porque en un principio se iba a llamar el club de los poetas muertos, como la película, pero mi idea, cuando formamos el grupo con el Ega - nombre que usaba él en ese tiempo - era formar un grupo de rap con letras oscuras, una influencia que teníamos en el rap, buscábamos la identidad, y en esa oscuridad es que nos vimos reflejados. Algunos decían que era por la lluvia de Valdivia, otros por el hardcore, nosotros solo sabíamos que era oscuro, y eso fue lo que interpretamos.
A mi me movía ese estilo, yo estaba influenciado por Delanueve, fue uno de los grupos de rap chileno que más me marcó al inicio, el álbum Kilómetros no son barreras me lo había pasado mi primo por mp3, y a él sus amigos - cuando nos cambiamos a Guacamayo, una población que en ese tiempo era relativamente nueva. No tenían ni rejas las casas, uno podía caminar entre los patios de los vecinos sin problemas, y ahí la gente si escuchaba rap, como buena población del 2010, y también escuchaban harta cumbia villera, y reggaeton - del antiguo, no ese popero - y también rancheras, pero no así mexicanísimas, solo esa cumbianchera que se escucha en el sur de Chile, una onda que igual sonaba en los cassetes de mi infancia, grupos como los luceros, los reales - del valle, porque estos grupos siempre son de algún lugar -, y bueno, los hermanos Bustos, también. Había una cultura de la música popular, que si bien no era el estilo que yo quería crear, enriquecieron el ambiente y me mostraron que la música mueve masas, por lo tanto, pertenecer a algo era importante. Yo quería ser hiphopero, no me sentía flaite, ni rancherito, aunque alguno que me vea piense lo contrario.
Me gustaba intercambiar música con mi primo por mp3. Ya nos pasábamos metal, reggaeton y ahora rap. Pasarse música era una de las ventajas de la nueva era digital que no paraba de cambiar y mejorar constantemente. Cuando chico tenía que pedir que me graben la música en pequeñas cintas, siempre con el filtro adulto que, además, siempre incluía alguna que otra cumbia en el lado B. En mi casa no sabían como hacer ese proceso, por eso le pedían a algún conocido que les grabe música para el niño. Así, esta persona terminaba grabando 31 minutos, cachureos, sobre cintas de Los pibes chorros, y así llegaban a mis manos. Con el personal stereo conocí la sensación de caminar escuchando música, escuchaba películas, habían versiones de filmes largos para caseteras que solamente tenían los diálogos y la música, tipo radioteatro. Más tarde implementé este mismo sistema en el discman, que era el mismo concepto del personal stereo y que reemplazaba la cinta por el CD, y uno podía transportar los CDs en unos portaCDs que eran como las bibliotecas de los jóvenes modernos. Porque en esos años los cassettes y la cinta en general comenzó a entrar en desuso. Te hablo de los 2000 en adelante, creo. En estas bibliotecas de CD cabían películas, música, fotografías, hasta videojuegos. Lo interesante para mi fue que las películas que podía escuchar en el discman, después las podía ver en el playstation, que fue la primera consola de la marca sony y venía con un lector de CDs y podíamos ver películas, pausarlas con el mando, retrocederlas - que, de hecho era todo un avance porque en el VHS, que era un lector de cintas de video, había que retroceder lentamente toda la película - y si te aburrías, podías cambiarla por un juego como Metal Slug, Resident Evil, Crash Bandicoot. Había quienes les gustaba jugar solo Wining Eleven, pero yo venía del polistation, que era una versión pirata que incluía juegos antiguos de nintendo, entonces me gustaba esos juegos que desarrollaban una historia o te mostraban un mundo. Mi biblioteca era un surtido de películas, videojuegos, fotografías, música, todo en CDs rayados con un plumón negro de pizarra.
Mi idea era tener un registro de mi música en un formato físico. Me gustaba el mp3 y la facilidad de poder pasarnos mucha música, poder descargarla de cualquier sitio. Sin embargo, el poseer música en un cassette no es comparable a portar un archivo. El cassette se puede tocar, tienes que reproducirlo en un equipo, es distinto. Ahora toda la música que hacemos la tenemos en archivos, ya no podemos tocar una canción con nuestras manos. Es el precio, quizás, que tuvimos que pagar para poder acceder al internet y a la música gratuita. De hecho, yo venía de aprender música de manera orgánica, tocaba la guitarra desde los 12, pero poder acceder a las grabaciones de cualquier canción y samplearlas ya era otro corte. El FL Studio, la versión 11, fue la primera que conseguí en un blog de internet, y es la que sigo usando, por costumbre. Me permitía hacer música, mezclar sonidos, intervenirlos. Fue el primer instrumento digital que yo conocí para hacer música - porque el tecladito de los nokia no cuenta - y fue un gran avance acceder a él y poder hacer mis primeros beats.
''A veces el arte solo busca generar nostalgia, recordar eso que hiciste hace unos años, ponerlo en orden y volver a guardarlo''
El proceso inicial fue samplear todas las melodías que me gustasen, muchas provenían de anime y videojuegos, usando una herramienta llamada Edison, del FL las dejaba en bucle hasta que se hacía imperceptible el corte. Después repetía la melodía unos 2 minutos y encima le colocaba una bateria a unos 90 u 80bpm, que es el tiempo al que transcurre la canción. Los primeros beats que hice la mayoría estaban construídos bajo esa fórmula, los primeros que se volvieron canciones fueron Volví para quedarme, y Mientras he vagado. Que fueron 2 canciones que grabamos en la casa del Ega, al comienzo de todo, cuando solo eramos dos. También grabamos otras canciones con beats de él, ahí él producía usando el Cool Edit, que era un programa con el que grabamos caleta de música, tendía a cerrarse de repente, sin aviso. Entonces, había que guardar la sesión a cada rato, por si a caso. El Fam, de poetas muertos Fam, se le ocurrió al Ega, que es la abreviación de familia, así como también incluir a dos miembros más al grupo, Joseto y Rousin, quienes engancharon rápido en sus letras con la onda de ser poetas muertos. Nos juntábamos en la casa del Ega, en su estudio que se llamaba Microhausen, y ahí fue donde se grabaron esos primeros beats, con letras del grupo Poetas Muertos Fam.
Creo que nuestras influencias musicalmente provenían de dos álbumes de rap chileno, Kilometros no son barreras (Delanueve) y Entre lo habitual y lo desconocido, de Hordatoj. Uno, si lo escuchas es más oscuro que el otro, Entre lo habitual le aporta esa influencia más jazzera, con toques R&B, pero, Delanueve es más oscuro y directo. De ahí nació una amalgama de estilos e influencias que cada integrante le aportaba al grupo. Lo oscuro yo lo interpretaba como el terror, las guitarras eléctricas, los ambientes japoneses. Sin embargo, también estaba ese toque funk, que marcó un contraste entre los dos estilos. Decíamos que era una especie de jazz hardcore, por la mezcla de beats que hacía yo con los de Ega - y algunos que sacaban de por ahí - más las letras de rap, que le aportaban la narrativa oscura a Poetas Muertos.
La idea que tuve fue reunir las canciones que tenía del álbum que grabamos, que se llamaba Desde el Cielo hasta la tierra - sí, como Altazor - más, las canciones que creamos después. Dentro de esa búsqueda se dio por perdida una de las últimas canciones que creamos que se llamaba Filosofília. Y cuando las tuve todas, las seleccioné y las separé según, si su estilo era más oscuro o más funk. De ahí nació la idea de hacer un lado A y un lado B, y con la intención de poder tenerla en físico como un cassette. A veces el arte solo busca generar nostalgia, recordar eso que hiciste hace unos años, ponerlo en orden y volver a guardarlo.
Desde el cielo hasta la tierra (2014)
Crónica de un comienzo y otras anécdotas
Nókez Purgado